viernes, 16 de diciembre de 2011

Sin ellas no podemos vivir.

No es un secreto que muchas de las ideas que retomo como inspiración, para escribir suelen surgir en la plática a la hora de almuerzo con mis compañeros y compañeras de trabajo. Al llegar al comedor solemos vernos o encontrarnos los mismos, aunque sean de otras oficinas o áreas de trabajo donde los saludos suelen ser más o menos efusivos dependiendo del nivel de profundidad en cuanto a las relaciones interpersonales. ¿Cómo se sientan los mini colectivos de trabajos? Por áreas, por colectivos con las mismas funciones de trabajo, por cargos o responsabilidades, están los grupos mixtos (personas de todas las áreas, sin distinción de cargos) y no podemos olvidar a los y las que se sientan solos por el hecho que no desean extender su horario de trabajo en el momento del almuerzo y realmente lo que hacen es concentrar su atención en el disfrute placentero de lo que ingieren.


Hay quienes aprovechamos ese momento para sonreír a partir de las anécdotas de unos y otros de lo sucedido el fin de semana anterior o de lo que sucedió en la tarde o noche de ayer al regreso a casa. ¿Qué personajes no pueden estar ausentes en la historia de lo sucedido ayer? Las travesuras de nuestros hijos, las contradicciones con la suegra, no puede faltar la empleada y lo mejor de todo para lo último (así hacemos siempre) ¡el apoyo del esposo a las actividades domésticas, cotidianas! ¿Qué hacemos bien? Por supuesto que ¡nada! Y si lo hacemos, no cumplen con los requisitos mínimos de calidad, muy lejos de las marcas ISO.


Tradicionalmente en la mesa donde me siento al almorzar, predominan las mujeres (nada de sexo débil, si lo piensa está usted totalmente equivocado estimado amigo) en una relación 3 a 1 (75 %) muy similar a la de mi casa, lo que me coloca en total desventaja. Y para muestra un botón: En mi casa (secreto que deja de ser secreto a partir de hoy) y en toda casa suele existir un local donde guardamos lo que poco usamos (los calaches) donde en esta ocasión por una razón u otra, una maleta prestada había quedado fuera por varios días, aspecto que se me había orientado, lean bien ¡orientado! que la misma debía ser ubicada en el lugar que le correspondía, exactamente 5 minutos de partir hacia el trabajo, ya bañado y vestido. Por supuesto la misión era casi imposible de cumplir en ese instante, dada que no estaban las condiciones creadas. “Si, amor en la noche la subo, ahorita se me hace tarde, “lo prometo” fue mi respuesta y ni corto ni perezoso puse los pies en polvorosa. Confieso que la “tarea” no la cumplí en tiempo, pasaron unos días, y una buena mañana “ardió Troya” En ese  momento donde contaba mi versión de esa parte que no pasará a la Historia, mis compañeras de mesa, casi como el mejor coro de Nicaragua, al unísono exclamaron: ¡Totalmente de acuerdo, ustedes son un desastre! “Pero…”, me interrumpieron. No quedo otra opción de quedarme callado. Al llegar a la casa en la noche, la maleta ocupó el lugar que le correspondía. ¡Nada, que no podemos vivir sin ellas! Por cierto, ¿comparte mi opinión?


No hay comentarios:

Publicar un comentario