¿Cuántas personas
fallecieron por imprudencia el año pasado, cuántas van en el presente semestre?
¿Decenas, centenas?, ¿cuántas familias se vieron afectadas por lo anterior?
Cualquier factor de multiplicación por 3, 4 o 5 nos dará la respuesta. Motivos,
ya mencionamos una; la imprudencia ¿definición? “Negligencia que puede acarrear
peligro o daño a otras personas y que a su vez puede considerarse falta o
delito, dependiendo del resultado que produzca” Resulta
claro que la muerte es un hecho innegable que viene acompañado de una realidad
dolorosa para las personas más allegadas de su entorno, poco superable de
entender más cuando la vida se trunca para alguien que ha gozado de una
perfecta salud y de pronto deja de existir físicamente.
La problemática de
la columna de hoy gira a partir del hecho que conllevó a la muerte de la
persona, que duele no lo niego, pero que pudiéramos contrarrestar si fuésemos
más cuidadosos, más conservadores.
Cuántas personas estarían aún a nuestro lado, sonriendo, compartiendo,
laborando, si hubiesen sido prudentes en cruzar una calle, no deteniéndose en
el centro de la avenida, sobre la línea amarilla, como artista de circo que
camina sobre una cuerda a varios metros de altura; que decir de los
transeúntes que suelen trasladarse a
espaldas del tránsito (es algo así como ir en contra de las manecillas del
reloj) donde inexplicablemente existe acera en el lado contrario donde les
correspondería circular, si realmente quieren preservar sus vidas. No puedo
omitir la proliferación de personas que se buscan el sustento en los semáforos
– dura manifestación de la pobreza – unas con pequeños a cuestas, los
limpiadores de vidrio los cuales se molestan en ocasiones cuando le niegas casi
rogándole, que no lo deseas; los payasos o malabaristas que sin serlo juegan
con fuego a expensas de quemarse o quemar, donde todos centrados en ganarse
unos pesos desafían vehículos, cuyos conductores no en todas las ocasiones son
debidamente responsables. ¿Resultados probables? Unos que fallecen, otros que
van a la cárcel, unos que salen con sentimiento de culpa, otros que no salen a
ninguna parte.
No cabe duda que
un factor que puede incidir en que se eviten muertes por imprudencia lo es la
educación vial, para peatones y conductores, sin embargo las cifras contradicen
los esfuerzos que suelen realizarse por las instituciones y determinadas organizaciones
no gubernamentales, que aún es insuficiente. Se insiste, no necesariamente de
la mejor forma, a través de los medios televisivos de la elevada cantidad de
accidentes diariamente, pero los hechos continúan. ¿A qué se deberá?, ¿pensará acaso el posible
victimario o víctima, que lo que se ve a
él o ella no le sucederá, sino que le sucede a otros de otro planeta, ya que
ellos son ases tras el timón, o que siempre el peatón tiene la razón? ¿A qué se
deberá realmente estas situaciones? Me inclino a la ausencia –aunque no total - de una falta de
educación haciendo énfasis en el fortalecimiento de una cultura de prevención y
no dejando que lo que suceda pueda haberse producido porque así estaba escrito.
¿Estás de acuerdo conmigo? Espero tus comentarios.

