Hay momentos en la vida en que solemos
hacer un alto para reflexionar, si lo que vas a hacer o has hecho ha sido
productivo, si la experiencia cumplió sus objetivos o no (hay trabajos,
acciones que se realizan – unas planificadas, otras no - y que posteriormente
se engavetan a pesar del tiempo utilizado, las neuronas gastadas, para lo cual
fue solicitado, aunque queda la experiencia que es la parte positiva), si los
consejos que diste a tus hijos, hermanos, familiares, amigos fueron válidos o
equivocados, etc. Uno de estos altos, suele ser en el momento en que cumples un
año más de vida, dentro del regocijo de los que comparten contigo tu
celebración estando cerca o virtualmente.
Que si uno es exigente, cuando debiéramos
ser más tolerantes; que si aburrimos hasta la saciedad, cuando señalamos: “…
todo lo que puedas esforzarte ahorita en el estudio, será para tu propio
beneficio futuro”. Por otra parte, si mucho molestamos, cuando indicamos que no
nos toquen nuestras cosas y que deben estar donde las dejamos. Es posible que
cuando las canas aparecen - las cuales en algunos casos dependiendo del sexo,
en ocasiones no, suelen ser escondidas –,
producto que el mecanismo biológico encargado de pigmentar la cabellera deja de
funcionar y, con él, desaparece el tinte natural del pelo, señal de estar a las
puertas de la “entrada” en años, nos volvemos algunos más que otros huraños, que
decir de las abuelas y abuelas, que suelen dar sus opiniones prácticamente en
todo aunque según cuentan los nietos y nietas, sean necesariamente escuchados, y
no toco el tema de las suegras porque “ardería Troya”, además de no tener nada
contra ellas (y sino cada una de ellas, pregúntenle a su yerno o nuera)
Es posible y apuesto por un sí, que cuando
nos caen los años encima nos cuesta trabajo ceder, tal vez acumulado por la
misma experiencia de lo vivido, en lo
personal, sobre todo cuando pensamos en
que porque nuestros padres nos educaron así, y nosotros debemos repetir exactamente lo mismo, sin tener en
cuenta el nuevo entorno, pero además olvidamos que alguna vez también hicimos cosas por lo
que nos llamaron la atención y nuestra aspiración raya en la exageración de la
idealidad del valor o valores que queremos que nuestros discípulos adquieran y
manifiesten. En el caso de la profesionalidad, que si somos los mejores, ello
dependerá del nivel de actualización, de superación según su perfil. ¿Qué podemos cambiar, ceder terrenos en
nuestros criterios? Por supuesto: pregúntele a sus hijos, hijas, esposo o
esposa, ah! y a la suegra.


No hay comentarios:
Publicar un comentario